16 enero, 2012

Fotografía a Puertas Abiertas / Juan Rulfo

por Patricia Gomez

Juan Rulfo y la fotografía

Juan Rulfo combinó siempre la tarea de escritor y de fotógrafo. Su obra fotográfica más conocida está recopilada en una edición del Instituto Nacional de Bellas Artes, en 1980. El libro se compone de cien fotografías tomadas por Rulfo entre los años de 1940 y 1955. Inframundo. El México de Juan Rulfo revela el panorama de un México inquietante, al igual que lo hace su obra narrativa. En esa obra, Juan Rulfo se nos revela más que como un aficionado como un experto en el arte fotográfico, característica que influye inevitablemente en su estilo literario tan particular.

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JUAN RULFO

Juan Rulfo

Juan Rulfo nació el 16 de mayo de 1918 en Sayula, en el Estado de Jalisco y como escritor se integró al grupo de escritores que crearon un universo propio, para convertirlo en escenario donde se desarrollan sus historias. Comala es el universo personal de Juan Rulfo. Transcurrió su infancia entre su pueblo natal y San Gabriel (la actual Ciudad Venustiano Carranza), donde realizó sus primeros estudios y pudo contemplar algunos episodios de la sublevación cristera, violento levantamiento opositor a las leyes promulgadas por el presidente Calles para prohibir las manifestaciones públicas del culto y subordinar la Iglesia al Estado. Rulfo vivió en San Gabriel hasta los diez años, en compañía de su abuela, para ingresar luego en un orfanato donde permaneció cuatro años más, pero cuando apenas había cumplido los ocho, ya había leído los libros de la biblioteca parroquial que el sacerdote del pueblo puso al cuidado de su abuela.
27 mayo, 2012

Poesía y prosa de Matorras Juste

por chilemexico

Este yo extranjero,
asustado,
minusválido,
delicado, que escribe.
Sentado en este instante absurdo
en que te miro sin verte
tan derrumbado no frente a ti,
frente a ese tú que no está.
Y detrás, ¿por qué no decirlo?
lejos, donde no llegas tú,
ni tu ausencia,
donde no llega este país tan tuyo,
perdida entre huesos, neuronas y cartílagos,
está la satisfacción,
humilde pero mía,
de ser como siempre,
yo solo sin ti,
el que regresa.

Familia que no comprende a la tía

Ayer tomando el café, mi padre y su socio hablaban excitados relatando  alguna de las excentricidades de mi abuelo; creo que se referían a cuando decidió alimentarse sólo de yogur hecho por él mismo; y agitaban los brazos y elevaban el tono no sé si para atacarlo por estar loco o para protegerse de su locura. Yo me tomaba el café con pastelillos de El Sauco y pensaba en cómo era posible que aquellos dos hombres casi ancianos amasen el arte. Recordé que durante toda mi vida había visto a mi padre caminando por los pasillos de casa, vigilando los cuadros de santos en marcos dorados, ordenando una y otra vez los libros viejos, viejísimos, elaborando complicados catálogos en su despacho; enlistando con ternura bodegones, retratos, miniaturas… Me di cuenta de que ellos coleccionaban el arte, lo conservaban, se preocupaban por él. Custodiaban las huellas de un modo de vida extinto. Aquellos hombres que jamás habían derramado una lágrima eran los depositarios de una cultura. En mi casa se respiraba ese aire a siglo XVI que tienen los claustros de los conventos y que divertía a las visitas. Y entre las estatuas de santos armados con espadas, parecía no pasar el tiempo. Mi padre y su socio eran los guardianes, quizá los últimos, de un mundo tan bello como caduco. Y no era sólo el arte lo que custodiaban, también protegían los rituales de las cenas de navidad, las sobremesas de las celebraciones familiares, los modales, los valores, los principios, las anécdotas hasta el cambio de vestuario con la llegada del otoño. Y eran idealistas a su manera. Yo no me daba cuenta entonces de lo difícil que resulta tratar de conservar el mundo y pensaba que era el acto de crear algo nuevo el que requería de ingenuidad e idealismo. Es mucho más difícil tratar de detener las cosas; aquellos dos hombres habían pasado la vida con el mundo escapándose continuamente de entre sus dedos y habían hecho un esfuerzo titánico por retenerlo. Por eso era ciega para ellos la poesía que despiden los borrachos y las locas, la que habían respirado aquellos mismos pintores en su época; porque el valor que ellos atribuían al arte era por encima de todo su antigüedad. Aquellos coleccionistas de cosas muertas no podían ver la belleza que exhalan las figuras que, como mi abuelo, se asomaban a las ventanas de madrugada como serpientes encantadas, tratando de olfatear una salida, un túnel que conduzca a cualquier lado. Ya, ya sé lo que estás pensando; que ambas fuerzas son necesarias, que la combinación entre el impulso de creación y el de conservación es lo que ha permitido que la humanidad llegue hasta donde está sin haberse despeñado por algún abismo en busca de aventuras. Pero eso que piensas no tiene ningún sentido, la humanidad no existe por Dios, pensé que a tus años eso ya lo sabrías. La humanidad es sólo una palabra que usan los alcaldes y los curas, los catedráticos de universidad; una mentira en nombre de la cual se sacrifican países y personas. Existen Juan y María, la humanidad es una entelequia. A mí antes esto me preocupaba mucho, porque cuando uno tiene veinte años se preocupa por estas cosas, ya sabes; si debemos algo a los conservadores o si todo el mérito del progreso le corresponde a los que se asoman a las ventanas buscando ese túnel que casi nunca se encuentra. Ahora creo que sencillamente cada uno hace lo que puede,  el que tiene algo lucha por conservarlo y el que no tiene nada, no tiene tampoco nada que conservar.

Matorras Juste nació hace treinta y cuatro años en el País Vasco. Ha vivido en El Salvador, México y Guatemala donde ha trabajado en el medio rural y escrito la mayoría de sus poesías y cuentos cortos. Asiduo de los bares, acaba de publicar su primer libro “La Tía Nela. Homenaje a los borrachos”. Actualmente vive y trabaja en México.

Contacto: malditotxino@gmail.com

25 mayo, 2012

Sobre las cartas escritas por Juan Rulfo a Clara Aparicio

por chilemexico

 Carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio:

 

“Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye. Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba. Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua. Clara: corazón, rosa, amor… Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña. Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida. Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida. Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara. No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba. Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada. ¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara? He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada. Lo han aprendido ya el árbol y la tarde… y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río… Clara: Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.”

Después de leer esta carta publicada por Berenice Toloza en facebook, nos dio un deseo enorme de saber más del tema. buscando y buscando, encontramos lo preciso para compartir con ustedes mucho más acerca de las cartas de Juan Rulfo:

 

La voz profunda y oscura

Elvio E. Gandolfo


 

SEGÚN LOS DATOS a esta altura muy repetidos en lo que se escribe sobre él, le bastaron a Juan Rulfo menos de trescientas páginas repartidas en dos libros (los cuentos de El llano en llamas y la novela Pedro Páramo) para convertirse en una figura clásica, imperecedera de la literatura latinoamericana y universal. Sin embargo ese magro y radical legado no deja de crecer, de extraña manera. Después de una larga espera tanto de un nuevo libro de relatos como de una nueva novela (la legendaria, y nunca concretada, La cordillera), una recopilación de sus trabajos para el cine incluyó en 1980 El gallo de oro, que tenía muy poco de argumento o guión, y mucho de novela corta autosuficiente, aunque con un tono bien distinto a sus dos libros conocidos.

 

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21 mayo, 2012

Andantes al teatro

por reynahharo

Por Reyna Hernández Haro

Don Atilio camina pensativo, mira sus libros colgados –cual ropa recién lavada– y dice “en un lugar de la mancha del cual no quiero acordarme… ese, ya lo leí”. La puesta en escena que La nave de los locos nos trae para toda la familia, Caballeros andantes eran los de antes, es una divertida manera de formentar la lectura en chicos y grandes.

Don Atilio, un profesor de Literatura, se mimetiza con los protagonistas de cada libro que deboran sus ojos. El turno toca a El Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha; Atilio, en aparente trance psicótico,  se transforma en Don Quijote y ello desencadenará una serie de aventuras que vivirá con su gran amigo Sancho (o debiera decir Juancho, vendedor de periódicos).

Don Quijote/Atilio luchará con un monstruo de magnitudes épicas, revestido de una armadura pesada y electrificante. En su batalla casi sufre un accidente, pero es gracias a Sancho/Juancho que logra volver a la realidad. El adversario no era más que una antena de televisión. ¿Por qué si tan divertida es la televisión Atilio la mira con desprecio?, se pregunta Sancho, la respuesta: porque convierte a la gente en estatua de sal.

Los seis actores en escena logran que el público asistente se involucre en la trama de nuestro Caballero Andante; con ello se recrea una atmósfera en la que el asistente es un actor más en el escenario. Los niños son los más beneficiados con ello, pues rien sin parar con la particular forma de ser de Juancho, de las locuras de Atilio, de lo bruja que puede ser  Doña Amalia, del baile cantinflesco del cartero y de la inocencia de una Dulcinea que desea ser tratada como princesa.

Si andas por Guadalajara, Jalisco y aún no  has visto esta particular versión de un lector voraz como Don Quijote de la Mancha; te invito a que pases este domingo 27 a Argentina 323 a las 13:30, última función de esta temporada.  ¿Vamos al teatro?

20 mayo, 2012

Las letras latinoamericanas se encuentran de luto

por chilemexico

El 15 de mayo pasado, cuando México celebraba a sus profesores, llegó la noticia que ha estremecido al mundo de las letras: Carlos Fuentes ha fallecido.  La noticia viajó pronto por las redes sociales, la televisión y la radio. El laureado escritor mexicano nos dejaba la palabra impresa como herencia intelectual. Durante estos días diversos escritores y amigos han expresado el sentimiento de vacío que deja la pérdida, palabras como las de Poniatowska y Skármeta que nos conmueven hasta el alma. Los lectores nos quedamos sin palabras rindiéndole homenaje desde el acto individual de lectura.

Fotografía del diario Milenio

15 mayo, 2012

INVITACIÓN / Presentación libro BALAS PERDIDAS, de Manuel Jofré.

por chilemexico

La Fundación Pablo Neruda y la Colección Ámbar
de Poesía Inédita Internacional de la Universidad Autónoma de Chiapas,
invitan a usted a la presentación del libro de poemas

Balas perdidas

de Manuel Jofré.

La obra será comentada por Paula Ilabaca, poeta; Helga Peralta, profesora de la Universidad Diego Portales, y por Andrés Morales, poeta y profesor titular de la Universidad de Chile.
La presentación se realizará el martes 22 de mayo, a las 19 horas, en la Casa Museo La Chascona, Fernando Márquez de la Plata 0192, Providencia, Santiago.

Se ofrecerá un vino de honor.

 


Manuel Jofré
Profesor Titular, Universidad de Chile
Director, Fundación Pablo Neruda